jueves, 3 de julio de 2014

El sabio y la vaca



Había una vez un pueblo en el que todos eran muy pobres. Los más ricos contaban con una vaca, en la que tenían puesta toda su vida. 

Un día llegó un sabio al pueblo y fue invitado a pasar la noche en la casa de los dueños de la vaca, acompañado por su ayudante. Al otro día, como agradecimiento, le pidió a su ayudante que matara la vaca. 

El ayudante no entendió cómo el sabio quería regresar mal por bien, pero así lo hizo.


Algunos años más tarde, el sabio regresó al pueblo y se encontró con un lugar próspero y lleno de abundancia. Los exdueños de la vaca tenían una enorme casa y comida a granel. El sabio se acercó a ellos y les preguntó qué había ocurrido. 

Ellos respondieron: "Hace un tiempo alguien mató a nuestra vaca y nos quedamos sin nada qué comer. Sufrimos algunos días, pero tuvimos que crear nuevas cosas para sobrevivir. Esas nuevas cosas, encontrar nuevos dones, nos fueron llevando a la abundancia. Así pudimos darles trabajo a todos los habitantes del pueblo y han progresado. ¡Bendito sea el día que desapareció la vaca!".

Y así vamos por la vida, aferrados a una vaca y olvidando nuestros dones. Olvidando que Dios quiere que seamos abundantes en todos los sentidos y nosotros nos aferramos, por miedo, a lo que ya no puede dar más. Lloramos por hambre cuando tenemos los bolsillos llenos de monedas de oro.


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