lunes, 9 de febrero de 2015

El cuento del Amor

 

 

Cuento del Amor


Era una isla muy pequeña, era tan hermosa que se confundía con el

paraíso, allí vivían sentimientos en vez de pájaros, tal como nosotros

habitamos en nuestra tierra. En esta pequeña isla vivían en armonía el

Amor, la Tristeza, y todos los otros sentimientos.


Un día, el mar se embraveció, olas enormes atacaban la playa y los

acantilados, la naturaleza parecía estar enfadada. El Amor se despertó de

su sueño, asustado con los estruendos del mar y en ruido entre las rocas,

se dio cuenta de que su vida estaba en peligro, la pequeña isla se estaba

inundando.


Pero se olvidó rápido del miedo de sí mismo y procuró que todos los

sentimientos se salvaran, todos fueron despertados y corriendo tomaron

sus barcos para ir mar a dentro y salir fuera de la zona de rompientes,

otros subieron a lo alto de la isla, a la única alta montaña que había, desde

allí podían divisar la inundación, pero sin correr peligro.


Sólo el Amor no se apresuró, el Amor nunca se apresura, hace su labor con

todos con tanta suavidad que casi nadie lo nota. Él quería quedarse un poquito

más en la isla, recogiendo enseres, pero se dio cuenta de que se había

quedado rezagado, y se estaba ahogando, el Amor se dio cuenta de que no

podía morir, no debía morir porque su misión era necesaria para la vida humana.


Corriendo en dirección a los barcos que partieron, empezó a gritar pidiendo auxilio.


La Riqueza, fue la primera en oírle, escuchó su grito, trató luego de responder

que no podría llevarlo ya que con el oro y con la plata que cargaba temía

que su barco naufragara.


Llegó entonces la Vanidad que también dijo que no podría ayudarlo, una vez

que el amor se hubiese ensuciado ayudando a los otros, ella, la Vanidad,

no soportaba la suciedad.


Por detrás de la Vanidad venía la Tristeza que se sentía tan profunda que

no quería estar acompañada por nadie y era incapaz de hablar.


Pasó también la Alegría, pero ésta tan alegre estaba que no le dio

importancia a la súplica de Amor, y no quiso escucharle embebida en su gozo.


Casi sin fuerzas, el Amor se sentó sobre la última piedra que todavía se veía

sobre la superficie del agua y comenzó a menguar el nivel del agua.


Su pena era tan grande, su tristeza tan honda, que llamó la atención de un

anciano que pasaba con su pequeño barco pesquero. El viejito tomó al Amor

en sus brazos, lo llevó a tierra, luego con todo su esfuerzo lo subió hacia la

montaña más alta, junto con los otros sentimientos, sus compañeros.


Recuperándose, el Amor le preguntó al viejito quien era, la Sabiduría resultaba

ser el viejito que le había ayudado tanto... al poco el viejito respondió…

"El Tiempo"..... el Amor cuestionó:


¿Por qué sólo el Tiempo me ayudó?, pregunto el Amor extrañado....


La Sabiduría entonces respondió:

 

"Porque sólo el Tiempo tiene la capacidad de entender cuan valioso es el Amor"

 

Todos los sentimientos se quedaron en silencio, habían conectado con el

Amor muchas veces mientras vivían en la isla.

 

Los corazones latieron al unísono.

 

Este es el don del Amor.



Reflexiones


Los cuentos son un instrumento de transformación para la mente profunda.


La Terapia Metafórica, es un lenguaje relacionado con el hemisferio cerebral derecho,

que es el intuitivo, creativo, global, a diferencia del hemisferio izquierdo, que

es lógico, racional y que es que utilizamos con más frecuencia.


El hemisferio derecho, funciona por asociación de ideas, así sean absurdas o cómicas,

con lo que se favorece el pensamiento lateral y la aparición de opciones puras

que nos ayudan inmensamente a transformarnos, que no suelen aparecer

en el pensamiento lógico.


Los cuentos son herramientas curativas, nos generan emociones,

preguntas, cuestionamientos, sentimientos nobles, nos permiten

acceder a comprensiones profundas y a recuperar la salud del alma, son

como un alimento sutil, liberado de prejuicios, porque despiertan nuestra

vida interior; se meten suavemente por las heridas del alma, susurrándonos

nuevas posibilidades de plenitud para nuestra vida. En el cuento, podemos

abrir un cauce de nueva percepción del conflicto que nos aflige, nos consuela,

nos calma, nos hace sonreír, y nos ayuda a ver la vida de manera nueva,

diferente, porque podemos libremente identificarnos con el cuento, porque

sabemos que no tiene limitación, y ocurre, además, que aligeramos la

sensación de soledad y de separación, con una sonrisa.

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