domingo, 12 de abril de 2015

LA BOTELLA DE LECHE

 

 

LA BOTELLA DE LECHE

Dos hermanos, uno de cinco y otro de diez años, iban por las casas pidiendo algo de comer. Estaban muy hambrientos, pero por más que rogasen por un poco de comida, encontraban una y otra vez el mismo tipo de respuesta: "trabajen y no molesten", "aquí no hay nada, pordioseros”... Pasaron así casi toda un mañana y finalmente, desanimados y tristes los niños se sentaron en un banco de la plaza. Una mujer, al verlos llorando, se compadeció de ellos y les entregó una botella de leche.

¡Que fiesta! Ambos se sentaron nuevamente. El hermano mayor simulaba estar saboreando la leche, decía: “Que exquisita está esta leche”, mirando de reojo al pequeñito.
"Ahora es tu turno. Sólo toma un poquito" Y el hermanito, le respondía: "¡Está sabrosa!"
"Ahora yo", dijo el mayor que seguía fingiendo, porque su propósito era que el pequeño se bebiera toda la botella.
"Ahora tú", "Ahora yo", "Ahora tú", "Ahora yo"...

La mujer, observaba esa escena con su rostro humedecido por las lágrimas, sin poder creer lo que estaba viendo. Esos "ahora tú", "ahora yo" quebrantaron su corazón...
Y entonces, sucedió algo que le pareció extraordinario.
El mayor comenzó a cantar, a danzar, a jugar fútbol con la botella vacía de leche. Estaba radiante, con el estómago vacío, pero con el corazón rebosante de alegría, brincaba con la naturalidad de quien no hace nada extraordinario, con la naturalidad de quien está habituado a hacer cosas extraordinarias sin darles la mayor importancia.

De aquel niño podemos aprender una gran lección: "Quien da es más feliz que quien recibe" Es así que debemos amar. Sacrificándonos con tanta naturalidad, con tal elegancia, con tal discreción, que los demás ni siquiera puedan agradecernos el servicio que les prestamos".

¿Como podrías hoy encontrar un poco de esta "felicidad" y hacer la vida de alguien mejor, con más "alegría de ser vivida"? ¡Adelante, levántate y haz lo que sea necesario!
Cerca de ti puede haber un amigo que necesita de tu hombro, consuelo, o quizás un poco de tu alegría y compañía

 

2 comentarios:

  1. Agnes Jannet González Godoy27 de junio de 2015, 7:48

    Desgraciadamente en este mundo egoísta, frío y consumista estas cosas no se valoran, ni siquiera para hacer un comentario de tan emotiva enseñanza y es cierto al menos a mí me pasa me siento muy feliz cuando doy, cuando ayudo, cuando escucho y apoyo a alguien que lo necesita, Dios es muy grande y siempre nos pone en el camino a quien necesite de nosotros.

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  2. En ocasiones, los eventos hacen los corazones duros e impenetrables. Hoy día hay tantos niños en las calles pidiendo dinero, ropa, alimentos, he observado que lo obtenido es entregado a personas adultas que los utilizan y explotan. Por esos eventos hemos dejado de ayudar a nuestros semejantes.

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